El Códice florentino fue un proyecto mestizo, un híbrido de dos culturas. Aunque fue dirigido por un español y luego traducido y enseñado según una perspectiva occidental por muchos siglos, uno no puede decir que la voz nahua ha desaparecido aquí. Además de literalmente dibujar las imágenes, una forma de comunicación que trasciende las fronteras y limitaciones de los idiomas, la cultura nahua vive por las páginas de esta obra literaria.
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La escritura es una de las formas más legitimadas de preservar la historia. La necesidad de leer y escribir ha dominado el mundo, pidiendo que la humanidad moderna sea alfabetizada. Sin embargo, hay muchas culturas y comunidades que no tienen los recursos para aprender cómo leer ni escribir, y por eso, algunos aspectos de la educación dependen de formas ancestrales de preservar historias, como las tradiciones orales. La idea de comunicación y como ha sido realizada en las comunidades indígenas es muy compleja y matizada. Por las Américas, por ejemplo, la mayoría de la gente se comunicaron por hablar, cantar y dibujar antes de la llegada de los europeos. A pesar de eso, durante las conquistas, los indígenas fueron sometidos a cambiar su forma de ser, empezando con sus lenguajes. Los idiomas que antes eran orales, ahora tenían que ser alfabetizadas, basadas en el alfabeto latín así como el castellano e inglés. Esta época de conquista—los siglos XV y XVI—drásticamente cambió la vida indígena, resultando en cómo la historia fue preservada y por quién. Las obras que se crearon en este tiempo por los indígenas son los códices. Por lo general, los códices son obras compuestas de papel, cada página lleva dibujos hechos por artistas indígenas. El enfoque de este ensayo es el Códice florentino, uno de los códices más conocidos del mundo. Creado entre los años 1540 y 1577, el Códice florentino fue un proyecto dirigido por fraile Bernardino de Sahagún, quien vino a México en el año 1529 con el propósito de convertir los nahua al cristianismo. El códice está compuesto de tanto escritura como dibujos. El proceso de su creación fue el siguiente: Sahagún condujo varias entrevistas con representantes nahuas, averiguando ciertas cosas para comprender cómo vivieron. Se cree que compartió esta información con los estudiantes nahuas para que ellos pudieran escribir todos los hechos en un libro en el idioma náhuatl (“El Códice Florentino”). Luego, Sahagún revisó lo que los estudiantes escribieron, y lo tradujo en castellano, eliminando demasiados detalles escritos que definían la experiencia nahua. Finalmente, los colegiales indígenas y mestizos fueron dirigidos a dibujar imágenes en los espacios que les estaban reservados, al estilo clásico de los manuscritos medievales. Por los siglos siguientes, este manuscrito ha sido preservado por la mecanografía, creando la obra Historia general de las cosas de nueva españa que lleva el contenido del Códice Florentino sin las imágenes. La escritura en ambos idiomas sirve como las raíces del país, antes, durante y después de la llegada española. Aunque su traducción al castellano mayormenete dirige como el mundo comprende el códice, hay ciertos detalles que constaten la perspectiva nahua. El lenguaje de la Historia general de las cosas de nueva españa demuestra que la cultura y voz nahua existe y establece la sobrevivencia de la conquista española.
La estructura del Historia general de las cosas de nueva españa puede ser conocida como una obra antropológica o enciclopédica por los hechos que forman su base, indicando que la historia nahua es compleja y sofisticada. La mayoría de este texto está compuesto de detalles sobre la vida cotidiana de los nahua y de cómo entendieron su mundo. Por ejemplo, en el libro décimo, titulado, “De los vicios y virtudes de esta gente indiana; y de los miembros de todo el cuerpo interiores y exteriores; y las enfermedades y medicinas contrarias y de las naciones que han venido a esta tierra”. Aquí se puede ver el uso de un lenguaje y tono objetivo. Otro ejemplo de este lenguaje aparece en el capítulo VI “De los varones fuertes”; cuando dice debajo de la sección Hombre valiente, tiacauh que “El hombre valiente que se dice tiacauh es de estas condiciones, que es invencible, robusto, recio y fuerte, el cual nunca vuelve atrás, ni tiene en nada las fieras…El malo y fingindo tiacuah, por el contrario, es vanaglorioso…diciendo que es una águila y un león en la guerra” (Sahagún 535). Esta forma de describir a la gente y su lugar en la vida nahua dirige todo el libro. La objetividad del lenguaje reflexiona sobre uno que es generalmente usado en textos académicos legitimando la cultura de los nahua y también implicando que estos son hechos indiscutibles para ellos. La cita usa la voz pasiva, usando “se dice” y “diciendo” que establece la existencia de una perspectiva en donde nacen estos hechos que no necesariamente pertenece a Sahagún ni su gente española. En cierto sentido, empodera a los nahua por decir que ellos ya tenían un sistema y conocimiento bien desarrollado sobre el mundo, un hecho que los conquistadores trataron de negar.
Luego, en el libro undécimo, “De las propiedades de los animales, aves, peces, árboles, hierbas, flores, metales y piedras, y de los colores” se presenta otro aspecto de la realidad nahua, capturando la preservación de su cosmovisión. En el capítulo IV, “De otros animales del agua que no son comestibles", hay una sección sobre una “culebra de dos cabezas”. Esta parte narra,
Hay una culebra en esta tierra que tiene dos cabezas: una en lugar de cabeza, otra en lugar de la cola, y llámase maquizcóatl…Hay otra culebra que también se llama mazacuata; es negra y gruesa y larga, no tiene eslabones en la cola, ni tiene dientes, es perezosa y es mansa y doméstica; algunos las crían en sus casas para comer, (pues) son buenas de comer. (631)
Lo interesante de esta descripción de la culebra es que es una culebra mítica. Sahagún tenía la habilidad de negar completamente la existencia del maquizcóatl, pero no lo hizo. De hecho, él lo tradujo con el mismo tono y lenguaje objetivo que implementó para los papeles de los humanos seculares en el libro décimo. Esta descripción es detallada, aún incluyendo la relación entre la serpiente y las tradiciones humanas. No solo son hechos presentados aquí, sino una relación compleja nahua con los seres de la naturaleza y ella misma. Aunque estas ideas están escritas en castellano, es evidente que la gente indígena es una gente sofisticada que no dejó que su historia fuera borrada.
La prueba más importante del fracaso de la conquista es el uso de palabras náhuatl en la Historia general de las cosas de nueva españa. El manuscrito entero está lleno de palabras náhuatl que no podrían ser traducidas. Aunque muchas de ellas son nombres de gente o animales específicos, esa falta de traducción presenta un límite de la conquista y no permite que las culturas indígenas fueran exterminadas. Uno no puede seleccionar una página sin ver palabras nahuas, incluso en la traducción castellana. En el final del libro doce, “En él se dice cómo se hizo la guerra en esta ciudad de México” aparece una lista de gente que fueron parte de la guerra:
Cuauhtemoctzin, y los demás príncipes mexicanos: Tlacotzin, Cihuacóatl. Petlauhtzin, el intendente de la Casa Negra (Tlilancalli). Motelchiuhtzin, el jefe de Huitznáhuatl. Achcauhtli, el gobernante de México, príncipe de los sacerdotes. Y además, los de Tlatelolco, que son: Coyohuehuetzin, el Tlacochcálcatl. Temilotzin el Tlacatécatl. Tupantemotzin, el Ticociahuácatl. Ahuelitoctzin, el Mixcoatlailotlácatl. Huitzilihuitzin, el jefe de Huitznáhuatl. Huitzitzin, el intendente de los puentes. (785)
En esta lista, el idioma náhuatl domina; hay menos palabras castellanas que las palabras en náhuatl. Aunque no es la verdad para la traducción entera, al tener una sección de una “traducción” completamente dominada en el lenguaje original es de gran impacto. Los nombres son unas palabras fuertes porque identifican y humanizan a una persona. Sahagún tenía la opción de eliminar estos nombres, pero no pudo; y aunque es posible que mucha información fue dejado de la traducción española, estos nombres son la prueba de que gente real, gente con nombres y títulos, han sobrevivido. Esta “traducción” borra las líneas entre el castellano y náhuatl, creando un lenguaje nuevo que crea la base de un “castellano” latinoamericano. Hay muchos ejemplos de esto por todo el códice y como incluye palabras nahuas que fueron adoptadas en el idioma castellano hoy en día. En la página 642, por ejemplo, en la sección “De las cosas accidentales a los árboles y de los árboles”, hay una cita describiendo un fruto que es familiar, diciendo, “Hay otros árboles que se llaman auácatl; tienen las hojas verdes oscuras, el fruto de ellos se llama auácatl, y son negros por de fuera, y verdes y blancos por de dentro” (642). Por un lente moderno, es evidente que lo que se describe aquí es un aguacate. Aquí, en estas palabras, uno puede ver precisamente de dónde viene la palabra del fruto que es un elemento básico de la gastronomía latinoamericana, y a qué idioma pertenece. Esto indica no solo que la cultura nahua fue preservada, sino que también forma parte del mestizaje de la lengua moderna.
El Códice florentino fue un proyecto mestizo, un híbrido de dos culturas. Aunque fue dirigido por un español y luego traducido y enseñado según una perspectiva occidental por muchos siglos, uno no puede decir que la voz nahua ha desaparecido aquí. Además de literalmente dibujar las imágenes, una forma de comunicación que trasciende las fronteras y limitaciones de los idiomas, la cultura nahua vive por las páginas de esta obra literaria. El códice captura la cosmovisión de los nahua, describiendo sus costumbres e ideas como hechos en vez de fantasía. Incorpora palabras y nombres en náhuatl que fortalecen el hecho de la existencia de las personas indígenas y su lenguaje. El Códice florentino crea un lenguaje nuevo que forma la base de la comunicación latinoamericana. Por ser compuesto de las tradiciones orales, escritas en náhuatl y traducidas de una manera, uno se puede dar cuenta que mucho no ha cambiado por lo mestizo. Hoy en día, la gente latinoamericana se comunica de diferentes maneras, algunas dependiendo de sus tradiciones ancestrales y otras siguiendo el sistema del alfabetismo. Lo importante es comprender la vida moderna del latinoamericano como un producto de una resistencia contra un borramiento cultural. Los conquistadores trataban, pero no fueron capaces de matar un lenguaje y la cultura que lleva en sus sonidos, los sonidos que reflejan la naturaleza que nos cuida y sostiene.
Obras citadas
“El Códice Florentino.” Dumbarton Oaks, https://www.doaks.org/resources/online-exhibits/epidemics/las-epidemias-en-espanol/manuscritos-derruidos/codice-florentino.
Sahagún, Bernardino de. Historia general de las cosas de Nueva España. Editado por Ángel María Garibay Kintana, Editorial Porrúa, 2006.
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